miércoles, 30 de noviembre de 2016

Un escrito desde la fe

Hola a todos, 

en esta ocasión quiero compartirles un escrito hecho desde la fe. Espero que les sea de inspiración, a los creyentes como reafirmacion de fe, y a los no creyentes como una manera de entender la propuesta cristiana. 

Saludos.


“Ama y haz lo que quieras…”

Escrito por: Paulina Valdez Robles


Llevo días sentada frente al ordenador pensando en la frase que lleva por título este escrito: “Ama y haz lo que quieras…”.
La segunda parte desde el inicio la tuve bien clara; “haz lo que quieras”, y creo que esto significa llevar a cabo todas aquellas cosas que tengamos el deseo de hacer, tiene que ver con la libertad de actuar y obrar a nuestro parecer con el objetivo de alcanzar la plenitud para la que hemos sido creados. Pero, ¿amar?, ¿qué es amar?, ¿qué trae consigo el verbo?
Y ¿qué quiere decirnos esta frase que parece tan sencilla pero a la vez implica toda la vocación del ser humano y el fin último para el que hemos sido creados?
A decir verdad nunca me había enfrentado a la dificultad de tener que explicar algo tan complejo; que en un inicio creí que sería fácil porque lo considero parte de mi vida, es algo de lo que hablo casi todos los días y por lo tanto creía saber perfectamente lo que significa. Pero bueno, no ha sido fácil encontrar una definición para aquello que fundamenta y que le da sentido a nuestra existencia, o al menos a la mía; entonces pensé en hacer un pequeño ejercicio de introspección para encontrar aquello que considero amor en mi vida, los momentos en los que he sentido que está presente, y entonces hacer al menos un intento por definir lo que es amar.
De esta manera pretendo profundizar un poco en esta frase de San Agustín que termina diciéndonos: “…Si tienes el amor arraigado en ti, ninguna otra cosa sino amor serán tus frutos”.

Tras este ejercicio que consistió en repasar la historia de mi vida, encuentro, sin duda, el amor como constante; un amor que me ha sido dado a cada momento y que se hace presente a través de diversas experiencias de libertad y plenitud. Y creo que el amor tiene que ver con un movimiento que va del interior de la persona hacia fuera, hacia lo otro que no es él (ella), es decir a lo distinto, a la alteridad. Como Dios conmigo.
Amor es la aceptación incondicional de lo muy distinto, de lo que no soy yo, de la libertad del otro; y esa libertad es creativa en el sentido de que deja al otro ser lo que es, sin juicio, sin querer absorberlo en mi propia imagen. En este sentido, el Amor, es Dios, la fuente y el origen de todo, y por eso es el Creador; y gracias a que fuimos amados por Él, respetados en toda nuestra otredad, es que somos. Él es el único que ha respetado nuestra libertad y diferencia al límite, incluso aceptó que nuestra libertad lo matara. Es decir, su apuesta por nuestra libertad no  tiene límites como su amor tampoco los tiene.
Y como hemos sido amados, es que podemos amar, salir al otro, al prójimo, y aceptarlo; ser  libres y dejar ser libres, y todo acto de verdadera libertad, en el respeto absoluto del otro, es bueno. Entonces amar es no querer, y por lo tanto no elegir, hacer el mal porque el mal es exigir al otro que cumpla mis expectativas, que reproduzca la imagen de lo que yo creo que debe ser, restarle libertad y en última instancia, que reproduzca mi imagen. Y así como hemos sido amados, podemos amar, y tenemos la libertad de elegir si queremos hacerlo.
Es por todo ello que amar es el camino de la gracia y de la plenitud humana, y el otro camino es el de la naturaleza, el del ego, el de sentirnos suficientes por nosotros mismos sin reconocer el amor primigenio y por tanto no ser capaces de amar al otro de igual forma. Amar es la manera de dar gracias a todo lo que nos ha sido dado, es un algo que se da en libertad y que regala libertad, pero es también algo que provocamos con nuestro actuar y nuestras elecciones, a través cómo nos relacionamos con el prójimo; es un círculo virtuoso de múltiples amores que van y vienen pero que a la vez son uno solo y se traducen en el amor auténtico de Dios.
Y si amas, entonces callarás con amor, gritarás con amor, corregirás con amor y perdonarás con amor, porque el recto actuar depende de una experiencia de amor, esto es, de gratuidad, de la habilidad de responder a nuestra realidad, encontrar valor y belleza en las cosas ordinarias, responder ante el esplendor que nos rodea (Merton, T). Es por todo esto que si el amor es fundamento en nuestras vidas entonces lo será de todo lo que hagamos y en cómo decidamos vivir y compartir la existencia con el otro.
Bajo esta premisa, creo que la búsqueda del amor y la verdad, - sobre todo en estos tiempos en que vivimos, caracterizados por dinámicas y relaciones humanas basadas en el consumismo, en la violencia, en el abuso del poder, la corrupción, la mediocridad, la represión, la falta de valores, la indiferencia y la deshumanización, - se hace urgente. Ante ello, empezar a buscar aquellas cosas que nos muestran lo que es auténtico, lo que nos reconforta, lo que nos reconstruye como humanidad, es actualmente una necesidad y una obligación de todos los que habitamos este lugar. Y éstos no los encontramos sino en la práctica de los mismos, y en la confianza y la gratuidad de que todo lo que tenemos nos ha sido dado.
Es momento de empezar a vivir de esta manera, pues el rumbo hacia dónde vamos no parece ser el más adecuado para nuestra propia existencia…pero ¿dónde buscar?, ¿dónde encontrar esas nuevas maneras?, ¿dónde cargar de sentido la existencia? La única respuesta vuelve a ser ese reconocer con humildad cada una de las pequeñas cosas que construyen nuestra vida y hacernos seres capaces de recibir y de dar ese amor que permite diferenciar la libertad del mal. La única respuesta vuelve a ser Él en su autenticidad y en su Amor. Buscarlo y reconocerlo en cada una de las cosas es el inicio para la reconstrucción de esta humanidad que está tan degradada porque ha amado tan poco.
Es importante enfrentar la realidad a través de la reflexión y el diálogo, despertar la creatividad y estimular la acción, apostar por el cambio y humanizar a los hombres a través de la comunión y la solidaridad. El diálogo, la reflexión y la acción son características esenciales de esta pedagogía del amor, pero sobre todo el diálogo que otorga el derecho a conocer y predicar la palabra, que respeta la libertad del otro porque se fundamenta en el amor. Es indispensable acabar con la cultura del silencio; estática, opresora, intransitiva, injusta, que poco se acerca a la vivencia de la plenitud humana.
El objetivo de esta libertad que nos ha sido dada es que los hombres se construyan como personas para transformar el mundo, que los hombres sean dueños de su propia historia y que sean conscientes de lo que su existencia aporta a la naturaleza y a la humanidad, que formen relaciones de reciprocidad. Enfrentar la realidad, estar CON el mundo; comprometidos, activos, sin agotar respuestas, superando su condición, comprometiendo la vida…  

Finalmente puedo decir que ha sido difícil escribir todo esto porque el amor no es algo que explicas, es algo que recibes y que das y que sientes cuando está presente o te das cuenta cuando está ausente. El amor es la experiencia de lo diáfono, de aquello que permite el paso de esa luz que es guía y que es norte, que es sentido de la vida; que tiene que ver con la experiencia personal de ser y estar en libertad para abrirnos a la experiencia de vivirlo, de reconocer y agradecer con humildad  lo que me ha sido dado, tanto bien recibido, y que por tanto la vida solo se carga de sentido cuando hay alguien más por quien darla y puedo compartir mi existencia con la del otro.



“Ama y haz lo que quieras. Si callas, callarás con amor; si gritas, gritarás con amor; si corriges, corregirás con amor; si perdonas, perdonarás con amor. Si tienes el amor arraigado en ti, ninguna otra cosa sino amor serán tus frutos” – San Agustín

Jesús, visto por otras religiones



"Jesús es una figura muy respetada en el hinduismo", le dijo a BBC Mundo el vocero en España de la Sociedad Internacional para la Conciencia de Krishna, Juan Carlos Ramchandani, cuyo nombre hindú es Krishna Kripa Dasa.
De acuerdo con el sacerdote de la tradición Vaishnava, en una de las escrituras sagradas del hinduismo, el Bhavyshya Purana (que data de hace 3.000 años aproximadamente), se anuncia el nacimiento de Jesús con el nombre de Isha.
"Esta escritura predice que va a llegar un enviado de Dios, que llamamos avatar. En sánscrito significa 'aquel que desciende', es decir, que desciende del mundo espiritual al mundo material con un mensaje divino, de amor y de paz".
De acuerdo con Ramchandani, muchas de las enseñanzas del cristianismo tienen influencia de la tradición hindú: amar al prójimo, servirle al semejante, actuar sin violencia.
"El hindú practicante, ya sea de origen asiático u occidental, siempre va a tener un respeto hacia la figura de Jesús como un maestro, un ser iluminado".
José Luis Meza, profesor de la Facultad de Teología de la Universidad Javeriana de Colombia, le explicó a BBC Mundo que hay una corriente de pensamiento dentro del Hinduismo que encuentra paralelismos entre Jesús e Ishwara, uno de los múltiples nombres de Dios en el Hinduismo.
"Los hinduistas parten del principio de que es demasiado ingenuo pensar que Dios se ha revelado una única vez, a través de un único personaje y a un solo pueblo. Por eso, lo común, para ellos, es que Dios se esté revelando en distintas formas y continuamente", señaló el experto.

¿Jesús fue el Mesías?

¿Qué pruebas existen de que Jesús es quien realmente afirmaba ser? ¿Cómo podemos saber que no era una especie de impostor? Veamos a algunos impostores famosos y si esa denominación le queda bien a Jesús, o si existen pruebas para sustentar sus afirmaciones.
Ferdinand Waldo Demara, Jr. fue llamado el gran impostor. Demara mantuvo identidades falsas como psicólogo, profesor universitario, jefe de una facultad universitaria, profesor de colegio y director de un penal. Incluso llegó a realizar cirugías como un falso doctor.
Algunas personas sostienen que Frank Abagnale fue aún mejor. Entre los 16 y 21 años, Abagnale fue uno de los estafadores más exitosos del mundo. Cobró $2.5 millones en cheques fraudulentos en cada uno de los 50 estados y en 26 países extranjeros. También logró hacerse pasar por piloto comercial, abogado, profesor universitario y pediatra antes de ser detenido por la policía francesa.
Si esta historia le suena conocida, probablemente es porque vio la película del 2002, Catch Me If You Can (Atrápame si puedes), en la que el personaje de Abagnale fue interpretado por Leonardo DiCaprio (quien se hizo pasar por actor en Titanic).
¿Qué se tendría que hacer para superar los logros de Abagnale como estafador? Bueno, si Jesucristo no fue el Mesías que afirmó ser, no habría ninguno que le gane. No estamos hablando de estafar a miles de personas, como en el caso de Abagnale. Si Jesucristo fue un impostor, con su estafa engañó a miles de millones de personas y cambió el rumbo de 2,000 años de historia.
Entonces, ¿Jesús podría haber sido un Mesías falso, engañando incluso a los mejores especialistas en religión? ¿Es posible que lo hayan preparado sus padres o mentores desconocidos para ser el rey prometido que Israel había estado esperando?
En realidad, si Jesús fuera un impostor, él no sería la primera persona en la historia de Israel que mintió sobre ser el Mesías. A lo largo de los siglos anteriores al nacimiento de Jesús, y también después, surgieron muchos mesías autoproclamados, para luego ser desenmascarados como estafadores o locos.
Las antiguas profecías hebreas habían predicho el reinado de un futuro rey que traería la paz a Israel y sería su Salvador. Había un clima de expectación en toda la nación, que cautivaba las esperanzas y las aspiraciones de los judíos. En un ambiente como el de Israel, ¿no sería posible que una persona no cualificada haya sido amoldada, o se haya amoldado para encajar con el molde del Mesías? La respuesta a esa pregunta depende de las profecías sobre el Mesías del Antiguo Testamento.

¿Es Jesús Dios?

Jesús complejos

¿Alguna vez has conocido a alguien que es el centro de atención adondequiera que vaya? Alguna característica misteriosa e indefinible lo distingue de todos los demás. Bueno, así fue hace dos mil años con Jesucristo.  Pero no fue sólo la personalidad de Jesús que cautivó a las personas que lo oyeron. Los testigos de sus palabras y su vida nos cuentan que Jesús de Nazaret era distinto a todos los hombres.
Las únicas credenciales de Jesús fueron él mismo. Nunca escribió un libro, lideró un ejército, ocupó un cargo político ni fue dueño de ninguna propiedad.Solía viajar dentro de las cien millas alrededor de su pueblo, atrayendo a multitudes que se asombraban con sus palabras provocadoras y actos asombrosos.
Sin embargo, la grandeza de Jesús fue obvia para todos los que lo conocieron y oyeron. Y mientras que la mayoría de los grandes personajes finalmente se desvanecen en los libros de historia, Jesús sigue siendo el tema de miles de libros y de controversias mediáticas sin paralelo. Gran parte de esas controversias giran en torno a las afirmaciones radicales que hizo Jesús sobre sí mismo – afirmaciones que asombraron tanto a sus seguidores como a sus adversarios.
Fueron principalmente las afirmaciones únicas de Jesús que causaron que fuera visto como una amenaza tanto por las autoridades romanas como por la jerarquía judía. Si bien era un forastero sin credenciales ni base de poder político, en sólo tres años, Jesús cambió el mundo para los siguientes veinte siglos. Otros líderes morales y religiosos han causado un impacto – pero ninguno como ese desconocido hijo de carpintero de Nazaret.
¿Qué tenía Jesucristo que marcó la diferencia? ¿Fue meramente un gran hombre, o fue algo más?
Estas preguntas llegan al fondo de quién fue Jesús realmente. Algunos creen que él fue meramente un gran maestro moral; otros creen que simplemente fue el líder de la mayor religión del mundo. Pero muchos creen algo más grande. Los cristianos creen que Dios realmente nos ha visitado en forma humana. Y ellos creen en las pruebas que lo respalda.
Después de estudiar cuidadosamente la vida y las palabras de Jesús, un antiguo catedrático de Cambridge y escéptico, C.S. Lewis, llegó a una conclusión inesperada sobre Jesús que cambió el rumbo de su vida. Entonces, ¿quién es el verdadero Jesús? Muchos contestarán que Jesús fue un gran maestro moral. Al estudiar más profundamente a la persona más controvertida del mundo, empezamos por preguntarnos: ¿Jesús podría haber sido meramente un gran maestro moral?

lunes, 28 de noviembre de 2016

¿Jesús como Cordero de Dios?

Cuando Jesús es llamado el Cordero de Dios en Juan 1:29 y Juan 1:36, es en referencia a que Él es el perfecto y último sacrificio por el pecado. Para poder entender quién es Cristo y lo que Él hizo, debemos comenzar con el Antiguo Testamento, el cual contiene profecías concernientes a la venida de Cristo como una “ofrenda por el pecado” (Isaías 53:10). De hecho, todo el sistema sacrificial establecido por Dios en el Antiguo Testamento sirvió de base para la venida de Jesucristo, quien es el perfecto sacrificio que Dios proveería como expiación por los pecados de Su pueblo (Romanos 8:3; Hebreos 10).

El sacrificio de corderos jugaba un papel muy importante en la vida religiosa judía y su sistema sacrificial. Cuando Juan el Bautista se refirió a Jesús como “El Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo.” (Juan 1:29), los judíos que lo oyeron pudieron haber pensado inmediatamente en cualquiera de los muchos sacrificios importantes. Habiendo celebrado hasta entonces la fiesta de la Pascua cada año, el primer pensamiento pudo haber sido el sacrificio del Cordero de la Pascua. La fiesta de la Pascua era una de las principales fiestas judías y una celebración en recuerdo de cuando Dios liberó a los israelitas de la esclavitud en Egipto. De hecho, el matar al Cordero de la Pascua y aplicar su sangre en los postes de las puertas de las casas, para lograr que el ángel de la muerte pasara de largo ante aquella gente “cubierta por la sangre” (Éxodo 12:11-13) es un hermoso cuadro de la obra expiatoria de Cristo en la cruz.

Otro importante sacrificio que incluía corderos era los sacrificios diarios en el Templo de Jerusalén. Cada mañana y tarde en el Templo, era sacrificado un cordero, por los pecados del pueblo (Éxodo 29:38-42). Estos sacrificios diarios, como todos los demás, eran simplemente para señalar a la gente el futuro y perfecto sacrificio de Cristo en la cruz. A propósito, la hora de la muerte de Jesús en la cruz, corresponde a la misma hora cuando se llevaba a cabo el sacrificio de la tarde en el Templo. Los judíos de ese tiempo, también estarían familiarizados con los profetas Jeremías e Isaías del Antiguo Testamento, cuyas profecías anticipaban la venida de Aquel que sería traído “…como cordero inocente que llevan a degollar...” (Jeremías 11:19; Isaías 53:7) y cuyos sufrimientos y sacrificio proveería la redención para Israel. Desde luego, esa Persona que fue anunciada por los profetas del Antiguo Testamento no era otro que Jesucristo, “el Cordero de Dios”.

Mientras que la idea de un sistema sacrificial puede parecernos extraña en nuestros días, el concepto del pago o restitución es uno que podemos entender fácilmente. Sabemos que la paga por el pecado es la muerte (Romanos 6:23) y que nuestro pecado nos separa de Dios. También sabemos que la Biblia enseña que todos somos pecadores, que ninguno de nosotros es justo delante de Dios (Romanos 3:23). A causa de nuestro pecado, estamos separados de Dios, y somos culpables ante Él; sin embargo, la única esperanza que podríamos tener es que Él nos proveyera un medio para reconciliarnos con Él, y por esa razón Él envió a Su Hijo Jesucristo a morir en la cruz. Cristo murió para hacer expiación por el pecado y pagar el castigo por los pecados de todos los que creemos en Él.

Es a través de Su muerte en la cruz, como el perfecto sacrificio de Dios por el pecado y Su resurrección tres días después, que ahora podemos tener vida eterna si creemos en Él. El hecho de que Dios mismo hubiera provisto la ofrenda para la expiación o pago por nuestro pecado, es parte de las gloriosas buenas nuevas del Evangelio, como lo está tan claramente expuesto en 1 Pedro 1:18-21 “Sabiendo que fuisteis rescatados de vuestra vana manera de vivir, la cual recibisteis de vuestros padres, no con cosas corruptibles, como oro o plata, sino con la sangre preciosa de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin contaminación, ya destinado desde antes de la fundación del mundo, pero manifestado en los postreros tiempos por amor a vosotros, y mediante el cual creéis en Dios, quien le resucitó de los muertos y le ha dado gloria, para que vuestra fe y esperanza sean en Dios.”

Peter Stuhlmache(1996)


¿Resucitó Jesús con un cuerpo carnal, o con uno espiritual?

Esta respuesta esta basada en las bases de la Biblia.

Hablando de Jesús, la Biblia dice: “Como ser humano murió, pero como ser espiritual volvió a la vida” (1 Pedro 3:18, Dios habla hoy, 2002; Hechos 13:34; 1 Corintios 15:45; 2 Corintios 5:16).
Jesús mismo indicó que no iba a resucitar con su cuerpo de carne y hueso, pues lo daría como sacrificio por la humanidad (Juan 6:51; Mateo 20:28). Si hubiera resucitado con un cuerpo carnal, habría anulado el valor de ese sacrificio. Sin embargo, esto no fue lo que sucedió. La Biblia aclara que entregó su cuerpo carnal “una vez para siempre” (Hebreos 9:11, 12).

Si Jesús resucitó con un cuerpo espiritual, ¿cómo pudieron verlo sus discípulos?

   Las criaturas espirituales pueden adoptar forma de hombres. De hecho, en el pasado hubo ángeles que lo hicieron, e incluso comieron y bebieron con otros seres humanos (Génesis 18:1-8; 19:1-3). No obstante, todavía seguían siendo criaturas espirituales y podían abandonar el mundo físico (Jueces 13:15-21).
   Después de resucitar, Jesús también tomó la forma de hombre por un tiempo, tal como lo habían hecho los ángeles. Y puesto que era una criatura espiritual, podía aparecer y desaparecer (Lucas 24:31; Juan 20:19, 26). Los cuerpos en los que se presentó a las personas no eran idénticos. Por eso, incluso sus amigos íntimos solo lo pudieron reconocer por cosas que dijo o hizo (Lucas 24:30, 31, 35; Juan 20:14-16; 21:6, 7).
El apóstol Tomás se dio cuenta de que Jesús había resucitado porque este se le presentó con un cuerpo que tenía marcas de heridas. Eso fortaleció la fe de Tomás, quien había dudado de que Jesús hubiera vuelto a la vida (Juan 20:24-29)