Hola a todos,
en esta ocasión quiero compartirles un escrito hecho desde la fe. Espero que les sea de inspiración, a los creyentes como reafirmacion de fe, y a los no creyentes como una manera de entender la propuesta cristiana.
Saludos.
“Ama y haz lo que
quieras…”
Escrito por: Paulina Valdez Robles
Llevo días sentada
frente al ordenador pensando en la frase que lleva por título este escrito:
“Ama y haz lo que quieras…”.
La segunda parte
desde el inicio la tuve bien clara; “haz lo que quieras”, y creo que esto
significa llevar a cabo todas aquellas cosas que tengamos el deseo de hacer, tiene
que ver con la libertad de actuar y obrar a nuestro parecer con el objetivo de
alcanzar la plenitud para la que hemos sido creados. Pero, ¿amar?, ¿qué es amar?,
¿qué trae consigo el verbo?
Y ¿qué quiere
decirnos esta frase que parece tan sencilla pero a la vez implica toda la
vocación del ser humano y el fin último para el que hemos sido creados?
A decir verdad nunca
me había enfrentado a la dificultad de tener que explicar algo tan complejo; que
en un inicio creí que sería fácil porque lo considero parte de mi vida, es algo
de lo que hablo casi todos los días y por lo tanto creía saber perfectamente lo
que significa. Pero bueno, no ha sido fácil encontrar una definición para
aquello que fundamenta y que le da sentido a nuestra existencia, o al menos a
la mía; entonces pensé en hacer un pequeño ejercicio de introspección para
encontrar aquello que considero amor en mi vida, los momentos en los que he
sentido que está presente, y entonces hacer al menos un intento por definir lo
que es amar.
De esta manera
pretendo profundizar un poco en esta frase de San Agustín que termina
diciéndonos: “…Si tienes el amor arraigado en ti, ninguna otra cosa sino amor
serán tus frutos”.
Tras este ejercicio
que consistió en repasar la historia de mi vida, encuentro, sin duda, el amor
como constante; un amor que me ha sido dado a cada momento y que se hace
presente a través de diversas experiencias de libertad y plenitud. Y creo que el
amor tiene que ver con un movimiento que va del interior de la persona hacia
fuera, hacia lo otro que no es él (ella), es decir a lo distinto, a la
alteridad. Como Dios conmigo.
Amor es la
aceptación incondicional de lo muy distinto, de lo que no soy yo, de la
libertad del otro; y esa libertad es creativa en el sentido de que deja al otro
ser lo que es, sin juicio, sin querer absorberlo en mi propia imagen. En este
sentido, el Amor, es Dios, la fuente y el origen de todo, y por eso es el
Creador; y gracias a que fuimos amados por Él, respetados en toda nuestra
otredad, es que somos. Él es el único que ha respetado nuestra libertad y
diferencia al límite, incluso aceptó que nuestra libertad lo matara. Es decir,
su apuesta por nuestra libertad no tiene
límites como su amor tampoco los tiene.
Y como hemos sido
amados, es que podemos amar, salir al otro, al prójimo, y aceptarlo; ser libres y dejar ser libres, y todo acto de
verdadera libertad, en el respeto absoluto del otro, es bueno. Entonces amar es
no querer, y por lo tanto no elegir, hacer el mal porque el mal es exigir al
otro que cumpla mis expectativas, que reproduzca la imagen de lo que yo creo
que debe ser, restarle libertad y en última instancia, que reproduzca mi imagen.
Y así como hemos sido amados, podemos amar, y tenemos la libertad de elegir si
queremos hacerlo.
Es por todo ello
que amar es el camino de la gracia y de la plenitud humana, y el otro camino es
el de la naturaleza, el del ego, el de sentirnos suficientes por nosotros
mismos sin reconocer el amor primigenio y por tanto no ser capaces de amar al
otro de igual forma. Amar es la manera de dar gracias a todo lo que nos ha sido
dado, es un algo que se da en libertad y que regala libertad, pero es también algo
que provocamos con nuestro actuar y nuestras elecciones, a través cómo nos
relacionamos con el prójimo; es un círculo virtuoso de múltiples amores que van
y vienen pero que a la vez son uno solo y se traducen en el amor auténtico de
Dios.
Y si amas, entonces
callarás con amor, gritarás con amor, corregirás con amor y perdonarás con
amor, porque el recto actuar depende de una experiencia de amor, esto es, de
gratuidad, de la habilidad de responder a nuestra realidad, encontrar valor y
belleza en las cosas ordinarias, responder ante el esplendor que nos rodea
(Merton, T). Es por todo esto que si el amor es fundamento en nuestras vidas
entonces lo será de todo lo que hagamos y en cómo decidamos vivir y compartir
la existencia con el otro.
Bajo esta premisa,
creo que la búsqueda del amor y la verdad, - sobre todo en estos tiempos en que
vivimos, caracterizados por dinámicas y relaciones humanas basadas en el
consumismo, en la violencia, en el abuso del poder, la corrupción, la
mediocridad, la represión, la falta de valores, la indiferencia y la
deshumanización, - se hace urgente. Ante ello, empezar a buscar aquellas cosas
que nos muestran lo que es auténtico, lo que nos reconforta, lo que nos
reconstruye como humanidad, es actualmente una necesidad y una obligación de
todos los que habitamos este lugar. Y éstos no los encontramos sino en la
práctica de los mismos, y en la confianza y la gratuidad de que todo lo que
tenemos nos ha sido dado.
Es momento de
empezar a vivir de esta manera, pues el rumbo hacia dónde vamos no parece ser
el más adecuado para nuestra propia existencia…pero ¿dónde buscar?, ¿dónde
encontrar esas nuevas maneras?, ¿dónde cargar de sentido la existencia? La
única respuesta vuelve a ser ese reconocer con humildad cada una de las
pequeñas cosas que construyen nuestra vida y hacernos seres capaces de recibir
y de dar ese amor que permite diferenciar la libertad del mal. La única
respuesta vuelve a ser Él en su autenticidad y en su Amor. Buscarlo y
reconocerlo en cada una de las cosas es el inicio para la reconstrucción de
esta humanidad que está tan degradada porque ha amado tan poco.
Es importante
enfrentar la realidad a través de la reflexión y el diálogo, despertar la
creatividad y estimular la acción, apostar por el cambio y humanizar a los
hombres a través de la comunión y la solidaridad. El diálogo, la reflexión y la
acción son características esenciales de esta pedagogía del amor, pero sobre
todo el diálogo que otorga el derecho a conocer y predicar la palabra, que
respeta la libertad del otro porque se fundamenta en el amor. Es indispensable
acabar con la cultura del silencio; estática, opresora, intransitiva, injusta,
que poco se acerca a la vivencia de la plenitud humana.
El objetivo de esta
libertad que nos ha sido dada es que los hombres se construyan como personas
para transformar el mundo, que los hombres sean dueños de su propia historia y
que sean conscientes de lo que su existencia aporta a la naturaleza y a la
humanidad, que formen relaciones de reciprocidad. Enfrentar la realidad, estar
CON el mundo; comprometidos, activos, sin agotar respuestas, superando su
condición, comprometiendo la vida…
Finalmente puedo
decir que ha sido difícil escribir todo esto porque el amor no es algo que
explicas, es algo que recibes y que das y que sientes cuando está presente o te
das cuenta cuando está ausente. El amor es la experiencia de lo diáfono, de
aquello que permite el paso de esa luz que es guía y que es norte, que es
sentido de la vida; que tiene que ver con la experiencia personal de ser y
estar en libertad para abrirnos a la experiencia de vivirlo, de reconocer y
agradecer con humildad lo que me ha sido
dado, tanto bien recibido, y que por tanto la vida solo se carga de sentido
cuando hay alguien más por quien darla y puedo compartir mi existencia con la del
otro.
“Ama y haz lo que quieras. Si callas, callarás con amor; si gritas,
gritarás con amor; si corriges, corregirás con amor; si perdonas, perdonarás
con amor. Si tienes el amor arraigado en ti, ninguna otra cosa sino amor serán
tus frutos” – San Agustín