jueves, 1 de diciembre de 2016

¿Quien es Jesús?

Leido en:
http://es.catholic.net/op/articulos/33413/cat/840/quien-es-jesus.html#
Por: Gustavo Daniel D´Apice 

¿Quién es Jesús?
(Mt. 16, 13-15; Mc. 8, 27-29; Lc. 9, 18-20)

Seguiremos a Marcos:

Es la pregunta que Jesús hace a sus discípulos al llegar a Cesarea de Filipo, allí donde nace el río Jordán.

El Señor va a comenzar su “subida” a Jerusalén, y quiere ver qué tal le ha ido con su predicación y milagros, qué resultados ha obtenido, tanto en sus discípulos como en las demás personas.

Es una pregunta sobre su “identidad”.

Podríamos decir que pregunta sobre la “esencia” de su persona, qué se ha entendido de Él.

Cuando se habla de qué han entendido los demás, se lo hace en tercera persona: “Dicen...”. Pero al grupo de los discípulos la pregunta va en segunda persona: “ustedes, qué dicen...?”

Hay un movimiento del amor en la develación de la identidad, en llamar al otro por el nombre. 

Implica conocerlo. 

Y es recíproco: Y así se da, de Pedro a Jesús y, correspondiéndole, de Jesús a Pedro.

Uno en esto se expone: “-¿Qué dicen los demás de mí?”. Implica abajamiento y riesgo. Juegan mucho las apariencias.

En la segunda persona, es más realista, implica un compromiso personal y una involucración con el otro, sujeta a replanteos y explicaciones.

Este episodio tiene un origen inmediato en el capítulo 6 (14-16). 

Luego de una serie ininterrumpida de milagros de Jesús que dejan a todos pasmados, hasta al mismo rey Herodes, quién se preguntaba por Jesús, pensando que era Juan el Bautista, al que había mandado decapitar, resucitado y operando en él poderes milagrosos. Otros decían que era Elías o algún profeta.

Seguidamente Jesús hace más milagros, pero es significativo para nuestro tema la curación de un sordomudo (7, 31ss.) y de un ciego (8. 22ss.).

Cura a alguien que no escucha y que no puede hablar, y luego a otro que no puede ver.

Enseguida hace la pregunta a sus discípulos: “-¿Quién dice la gente que soy Yo?”. “-Y ustedes, quién dicen que soy Yo?”.

Como para ver, después de tantos milagros y curaciones, si ellos ahora también pueden ver y oír, y proclamar lo que sus ojos ven y sus oídos oyen.

Los de “afuera”, los otros, para los discípulos, creen ver en Jesús a Juan el Bautista, Elías o un profeta, tal como había ya aparecido en el episodio de Herodes.

Son personajes positivos, pero del pasado.

Nadie se imagina en Jesús a Dios, que “viene del futuro”.

Podríamos agregar otras cosas, generalmente positivas, que dicen muchos sobre Jesús:

El fundador del comunismo.

Un guerrillero ejecutado.

Un filántropo, predicador de la paz y del amor.

El súper-star (la súper-estrella).

Un maestro (rabí judío), un profeta.

Un gran hombre.

Un entretenimiento histórico, hacedor de prodigios (Herodes: Lc. 23, 8-12).

Un entretenimiento científico: si existió o no existió, si murió en la India, si se casó y tuvo hijos, si se puede comprobar tal o cual cosa, aunque la respuesta sea positiva... –el canal “Infinito”-).

Un multiplicador de comida, de pan, de prosperidad. Un Jesús ecónomo.

Alguien que arregla los problemas de pareja: Jesús psicólogo o sexólogo.

Un personaje que ejerce el curanderismo, aún ahora.

Pedro hace una confesión de fe adecuada acerca de la identidad de Jesús, pero no completa. 

Jesús a su vez profesa su amor a Pedro devolviéndole el reconocimiento.

Para Pedro es el Mesías (el Cristo), el Ungido de Dios, el Hijo de Dios. 

Jesús es Uno de la Trinidad. Manifiesta también la pluralidad de Personas en Dios. 

Y Jesús, en el Evangelio de Mateo, le devuelve el piropo, y le dice a Pedro quién es él y su misión en la vida. 

Le da las llaves del Reino, lo que implica dominio de las situaciones y de la vida. 

Ubicación en ella. 

Conocimiento del Plan de Dios sobre la vida personal, y sobre la misión que tiene para cada uno. Orden de prioridades y de afectos. 

Plan de vida para entrar en el Reino. Seguimiento de Jesús incondicional para abrir las puertas del Cielo.

Pero inmediatamente Jesús anuncia el camino de la pasión para su glorificación, y Pedro rechaza el Plan de Dios.

¿Se quedó en el plano de las ideas, y no lo bajó a las obras?

Hay que reconocer la divinidad de Jesús, pero también su plan y su forma de vivir. 

No hay gloria, resurrección, vida abundante, sin cruz y sufrimiento entregado y por amor.

Son como las dos caras de una misma moneda: 
De un lado está la cruz, del otro la Resurrección y la Vida en abundancia. 
Aquí se dan mezclados, no podemos, aunque queramos, dejar de sufrir. 
En la eternidad sólo se dará una moneda de dos caras: La de la resurrección y la gloria.

Podemos decir que Jesús es el rey de mi vida y de mi corazón, mi amigo, mi Señor y Salvador.

¿Pero llevo la vida que a Él le gusta? 

¿Le soy agradable?

¿Encuentro en Él, como Dios, la fuente de mi felicidad? 

¿Experimento la Vida en abundancia que me vino a traer?

¿Soy testigo de lo que digo creer sobre la identidad de Jesús, tanto con mis palabras como con mis obras?

Terminamos con lo que Jesús dice de Sí mismo:
“-Yo Soy el Mesías” (Jn. 4, 25-26).

La fe católica

La fe católica está basada principalmente en una persona real, no en una persona de nuestra imaginación. Sabemos que Cristo es real, por 2 canales:
La Sagrada Escritura, que es la Palabra de Dios, en cuanto escrita por inspiración del Espíritu Santo. “En los libros sagrados, el Padre que está en el cielo sale amorosamente al encuentro de sus hijos para conversar con ellos.” Y la tradición, que es transmisión que la Iglesia realiza, de generación en generación, de todo lo que ella recibió de Cristo por medio de los Apóstoles. Son parte viva de esta tradición las enseñanzas de antiguos escritores que llamamos Padres y doctores de la Iglesia, las liturgias antiguas, la vida de los grandes santos, el arte cristiano, las leyes eclesiásticas. La Iglesia con su enseñanza, su vida, su culto, conserva y trasmite a todas las edades lo que es y lo que cree.

Las Sagradas Escrituras nos demuestran como ya habíamos dicho una  prueba de autenticidad, pero teniendo presente que debemos ser sal de la tierra, una gran prueba que tenemos los católicos sobre Dios, es ver a Cristo en los demás. Bien sabemos que si después de un Retiro, un Encuentro, una plática, una persona cambia por completo creemos que Cristo mismo fue el que hizo la conversión en esa persona.  Es por eso que una gran prueba de la existencia de Dios es ver a Cristo actuar en los demás ya que por medio de su testimonio más personas conocerán a Dios.
De igual forma tenemos fuentes no cristianas para comprobar esto como lo son con la carta de Plinio, y la del famoso historiador romano Tácito.

Fragmento de la Carta de Plinio, “el Joven”.
“Afirmaban tener costumbre de reunirse en días fijos, antes de salir el sol, para cantar a Cristo, considerado como Dios, cántico alternado y comprometerse por juramento a no cometer crimen ninguno sino abstenerse del robo, asesinato, adulterio, infidelidad…Después de esto, se separaban para volver a tomar un alimento común e inocente”.
¿Quién era Plinio y de dónde sale esta carta?
Gobernador de Bitinia en el año 112, esta carta se escribe al Emperador Trajano preguntándole sobre la conducta que debe de seguir respecto a los cristianos que hay en su provincia.
Escrito Histórico de Tácito.
“Para hacer cesar esta voz, presentó como reos y atormentó con penas refinadas a aquellos que, despreciados por sus abominaciones, eran conocidos por el vulgo con el nombre de cristianos. Este nombre les venía de Cristo, el cual, bajo del reino de Tiberio, fue condenado a muerte por el procurador Poncio Pilato. Esta condena suprimió, en sus principios la superstición, pero luego surgió de nuevo no sólo en Judea, donde el mal había tenido su origen, sino también en Roma, a donde confluye todo lo abominable y deshonroso y donde encuentra secuaces”.

¿Quién era Tácito y de dónde sale esta carta?
              Era un famoso historiador romano, quien escribe sus Anales (escrito histórico que registra los hechos cronológicamente) hacia el año de 115-117, en el cual habla del gran incendio de Roma del año 64 atribuido por Nerón a los cristianos. Esta carta es de Nerón culpando a los cristianos por el incendio de Roma. 

Escrito por: Gerardo León Sánchez